It’s been said that change is the only constant. While this is true, 2020 has broken the mold with my comprehension of how much change can occur in such a relatively short amount of time. If you would have told me in November of 2019 what would be in store for us by November of this year, I would never have believed you (and I would never have wanted to believe you either!). From mandated masks and social distance guidelines to churches and the economy shutdown to the absence of hugging loved ones (or even being in the same room with them) for fear you could endanger their lives because of a worldwide pandemic, 2020 has been a devastating year that has seen seismic changes around the world. 

Now let the words of scripture encourage your heart.

“Jesus Christ is the same yesterday, today, and forever”
Hebrews 13:8

Before the mountains were born or you brought forth the whole world, from everlasting to everlasting, you are God.”
Psalm 90:2

But you remain the same, and your years will never end.
Psalm 102:27

“Because I, the LORD, do not change. So you, the descendants of Jacob, are not destroyed.”
Malachi 3:6 

Aren’t you glad our God doesn’t change? Aren’t you glad His Word endures?

God is not surprised by the daily headlines. He is not caught off guard by our present hardships. His promises are not affected by a novel virus the likes of which mankind has not experienced in 100 years. And if His promises are unaffected by these present hardships, we must recognize that His commands for us to make disciples do not mean to do so only when it is easy, convenient, or expedient. Our obedience should be unrelenting to fulfill His Great Commission even now in the midst of this worldwide pandemic.

In 2020, we have had to adapt our entire organization to be able to continue our mission of training indigenous pastors who have no access to a sound biblical education. Our ministry leaders have pivoted to hosting their courses online for any of our students who can get to an internet connection. We have seen faithful donors who have experienced significant economic hardships unable to continue their financial support at levels they have previously contributed to our ministry. And yet, we hold onto His promises, trusting that God will see us through to the other side of this storm so that we can continue our Kingdom work.

Se ha dicho que el cambio es la única constante. Si esto es cierto, 2020 ha roto el molde con mi comprensión de cuánto cambio puede ocurrir en un período de tiempo relativamente corto. Si me hubieras dicho en octubre de 2019 lo que nos depararía para octubre de este año, nunca te habría creído (¡y tampoco hubiera querido creerte tampoco!). Desde máscaras obligatorias y pautas de distancia social, hasta iglesias y el cierre de la economía, hasta la ausencia de abrazar a sus seres queridos por temor a poner sus vidas en peligro debido a una pandemia mundial, 2020 ha sido un año devastador que ha visto cambios sísmicos en todo el mundo.

Ahora deje que las palabras de las Escrituras animen su corazón.

“Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos”
Hebreos 13:8

“Antes de que nacieran las montañas o de que dieras a luz el mundo entero, desde la eternidad hasta la eternidad, tú eres Dios”.
Salmo 90:2

“Pero sigues siendo el mismo, y tus años nunca terminarán”.
Salmo 102:27

“Porque yo, el SEÑOR, no cambio. Así que ustedes, los descendientes de Jacob, no han sido destruidos “.
Malaquías 3:6

¿No te alegra que nuestro Dios no cambie? ¿No te alegra que su Palabra perdura?

Dios no se sorprende por los titulares diarios. Nuestras circunstancias actuales no lo toman desprevenido. Sus promesas no se ven afectadas por un virus nuevo como el que la humanidad no ha experimentado en más de 100 años. Y si sus promesas no se ven afectadas por estas dificultades actuales, debemos reconocer que sus mandatos para que hagamos discípulos no significa que lo hagamos solo cuando sea fácil o conveniente hacerlo. Nuestra obediencia debe ser implacable para cumplir Su Gran Comisión incluso ahora en medio de esta pandemia mundial.

En 2020, hemos tenido que adaptar toda nuestra organización para poder continuar nuestra misión de capacitar a pastores indígenas que no tienen acceso a una sólida educación bíblica. Nuestros líderes ministeriales se han orientado a organizar sus cursos en línea para cualquiera de nuestros estudiantes que pueda acceder a una conexión a Internet. Hemos visto donantes fieles que han experimentado dificultades económicas importantes y no han podido continuar con su apoyo financiero a los niveles en los que habían contribuido anteriormente a nuestro ministerio. Y, sin embargo, nos aferramos a Sus promesas, confiando en que Dios nos acompañará hasta el otro lado de esta tormenta para que podamos continuar con la obra del Reino.

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